Un hechizo es una acción mágica que tiene como objetivo la alteración de la realidad de
manera sobrenatural. También son utilizados para adivinar el futuro. Así, al hechizo se le llama
sortilegio (del latín sortis, suerte y legĕre, leer) cuando lo que busca es
ver el devenir; encantamiento cuando se persigue someter a otra persona y, en caso de
hacerse de una manera negativa, maldición. Si lo que se busca es algún tipo de protección el
hechizo toma el nombre de bendición. Existe otro tipo de categorización más simplificado que
dice que los hechizos considerados inmorales o perniciosos por la sociedad en la que se realizan
pertenecen a la «magia negra», mientras que si la sociedad los considera apropiados o
inofensivos son considerados hechizos de «magia blanca».
Los hechizos nacieron en las creencias mágicas propias del comienzo del
Neolítico. Los egipcios fueron los primeros en documentarlos; estos formaban parte del proceso de
embalsamamiento de cuerpos. Han estado siempre muy ligados al paganismo y siempre se ha relacionado
su práctica con los hechiceros, los magos o las brujas. Muchas sociedades condenaron el uso de los
mismos, sobre todo las que estaban regidas por la religión cristiana. Estas consideraban que su uso
resultaba nocivo y contrario a la palabra de Dios, por lo que durante la Edad Media fue una
práctica muy común la persecución y caza de brujas. Se consideraba que estas estaban íntimamente
relacionadas con el Diablo, con el que se reunían en los aquelarres tras llegar volando en sus
escobas. Una de las últimas y más sangrientas cazas fue la que tuvo lugar en Salem en 1692. Se
ahorcaron dieciocho personas y otras dos murieron en prisión bajo la acusación de brujería.
De forma general un hechizo siempre ha consistido en el efecto que tendría sobre
la realidad la invocación de una deidad. Según las creencias paganas, para conseguir este fin
siempre ha hecho falta realizar un ritual consistente en seis pasos: preparación
(disposición del lugar y de las personas que tomarán parte), apertura (creación de entorno
mágico), invocación (súplica a la deidad), ejecución (realización de los actos
mágicos), sacrificio (ofrenda a la deidad) y cierre (disolución del entorno
mágico).
En la literatura los hechizos han jugado un papel muy importante dentro de la
novela fantástica. En ella se practican hechizos con varita (el ejemplo más claro es la saga Harry Potter
de la autora J.K. Rowling), hechizos orales en idioma generalmente arcano (la saga de la
Historia de Kvothe del autor Patrick Rothfuss es una muestra perfecta de ello) y
hechizos
en los que no hace falta pronunciar ninguna palabra; basta conocer profundamente la naturaleza y
las fuerzas o energías que se dan en ella, además de dominar la Voluntad. En las sagas escritas por
David Eddings Crónicas de Belgarath y Crónicas de Mallorea se practica este tipo de
hechicería.
En el mundo de la televisión han sido muchas las películas o series que han
empleado el uso de hechizos. Sabrina (Cosas de brujas), Buffy Cazavampiros,
Embrujadas, El Señor de los Anillos o La chica explosiva son un buen
ejemplo. |